La Dements, una carrera donde aprender sobre mí.

El pasado sábado 18 estuve disfrutando como espectador, acompañando a mi hermano Jose, de una de las carreras de montaña más duras que se celebran en el panorama nacional, dentro de la categoría de este tipo de pruebas.

Esta exigencia hace a la Marató dels Dements lucir con orgullo su curioso nombre (“Maratón de los Dementes”), no es su longitud, sino su desnivel y sobre todo el terreno y la orografía por la que transcurre la prueba, lo que le confieren ese carácter tan especial y único. Y es que como diría un amigo mío “o vas cara amunt o vas cara avall”.

Los ya de por sí duros 42,5 kilómetros de longitud, se acrecientan con sus 3.808 metros de desnivel positivo y negativo, para un total acumulado de 7.616m con un IBP de 831 lo que implica un alto grado de preparación deportiva y conocimientos para la autogestión.

Además, la exigencia en los tiempos de paso, hace que la organización de esta carrera haga un despliegue de medios y recursos sin igual, con 8 avituallamientos y una atención al corredor que incluye recomendaciones de prevención de riesgo cardiovascular, dispositivos de seguridad en el lugar en el que está ubicado el personal médico, bomberos, protección civil, ambulancias… y más de 40 puntos donde se encuentran voluntarios que se encargan de ayudar y atender al corredor en caso de necesitarlo, estando en permanente contacto con Dirección de Carrera.

Tuve la oportunidad de asistir al desfile ante mí, de los más de 400 valientes que participaron en la modalidad de maratón, ya que dentro de esta Marató dels Dements hay dos pruebas más, en la distancia de Media Maratón, la que se iniciaba el sábado desde Eslida y la del domingo desde Aín.

Fotografía: Andrés Nuñez – Last Race Studio

Viví la carrera desde tres puntos, en la Font de la Matilde en Eslida, en pleno corazón del pueblo de Aín en el kilómetro 20, y en el cruce de la carretera hacia Almedijar, en el kilómetro 27,3 justo después de bajar el pico Espadà y antes de encarar la fuerte subida al Cerro Gordo.

Casi no hacía falta ni ver el perfil de la prueba o saber lo que habían recorrido antes de llegar a cada punto de paso, sólo con ver sus caras te hacías la idea de lo que llevaban, y también eran conscientes de lo que les quedaba.

Aunque dicen que los primeros 20 kilómetros son “los corredores”, como dicen los protagonistas en su argot, en Aín llevan ya 20 kilómetros de recorrido y más de 1.500 metros de desnivel positivo acumulado.

Y a partir de aquí, viene lo bueno, 22,5 kilómetros de subidas y bajadas por terreno técnico en ocasiones, para poder llegar a meta con los 3.804 m de desnivel positivo en las piernas.

Fotografía: Andrés Nuñez – Last Race Studio

Cuando aparece el muro ante el corredor…

En el punto kilométrico 27,3 tuvimos la ocasión de estar un buen rato, allí vimos a los cabeza de carrera, magníficas “bestias” de la montaña, y a los más terrenales, el resto de participantes, ¡que ponían toda su determinación e ilusión en acabar de la mejor forma posible aquél follón en el que se habían metido!

Varios fueron los que decidieron retirarse aquí. El calambre, el gran enemigo a estas alturas de la prueba, era la principal causa. Otros trataban de hacer el dolor soportable o esconderlo en lo más profundo de sus sensaciones.

Se vieron mil formas de externalizar estas sensaciones para justificar el continuar corriendo hacia meta. Simplemente saltar y notar que se sentía todavía con fuerzas, la fuerza que da ver que iban adelantando posiciones, o que la bajada que acababa de hacer le había salido bien… todas sensaciones válidas para continuar con el esfuerzo.

Otros lanzaron al público sus pensamientos en un intento de argumentar un posible abandono, y empiezan a realizar su razonamiento, es que las piernas, es que voy acalambrado desde no sé cuándo, es que lo que me queda, es que no podré aguantar, es que no voy a disfrutar… es que, es que… muchos esques y peros de todos los colores, todos perfectamente comprensibles y reales.

… surge la magia desde el público…

Y es aquí donde una de las magias de esta carrera se produce, el público siente, escucha y recoge todos estos pensamientos y sensaciones del corredor, y se pone la gorra de entrenador personal, reconociendo el mérito que tiene el simple hecho de haber llegado al kilómetro 27, haber acabado de ascender y descender el Espadà, uno de los mayores desniveles de la prueba.

Digamos que el público le transmite a ese corredor o corredora un completo argumentario de ánimo y empuje: “tienes mérito sólo por estar aquí, por haber dedicado durante los

últimos meses a prepararte física y mentalmente para esta prueba, las infinitas jornadas de tiradas largas, los madrugones, la preparación de fuerza en el gimnasio, el haber estado compaginando ese entrenamiento con tu trabajo, con tus hijos y tu familia, y ¿ahora dices que tienes una fantástica razón para abandonar?”

Tras esta breve sesión de reconocimiento del mérito, el público se pone otra gorra, esta vez la de entrenador emocional, y sin saberlo, hace que el corredor empiece a plantearse ese abandono, ¿cómo lo hace?

El público hasta entonces simplemente le ha hablado de lo que el corredor ya tiene, de lo que ha hecho hasta ese momento, lo que le ha hecho llegar hasta ese punto, en definitiva le recuerda lo que ha logrado y NO lo que le falta.

Esto provoca que el corredor empiece a enfocar la conversación interna que venía manteniendo consigo durante los últimos minutos y horas, transformándola del signo negativo hacia a un signo positivo: “me quedan solo 2 ó 3 ó 4 horas hasta meta, he realizado ya lo peor, todavía tengo 3 avituallamientos más para poder descansar…” y así hasta meta.

Fotografía: Andrés Nuñez – Last Race Studio

… impartiendo una lección magistral de autoconocimiento.

Esta situación tan habitual en carreras de montaña, transciende a la propia actividad deportiva, y es una oportunidad de aprendizaje sobre uno mismo, que debemos aprovechar, valorar y tomar consciencia sobre ella.

El simple hecho de haberte dado permiso para escucharte, y el orgullo personal de no tirar la toalla en ese kilómetro 27,3, es lo que ha motivado que conozcas mejor cuáles son tus posibilidades como corredor, pero también como profesional, como padre/madre, como pareja, como amigo/a, contigo mismo/a…

Porque tras ese cambio de signo en tu conversación interna, habrás dado un gran paso en ti, en tu conocimiento personal, y esto te ha hecho cambiar para siempre, una vez más, usando la capacidad que tiene la mente en cuanto a su propiedad de la elasticidad.

Ahora ya sabes de ese recurso, lo has sentido, vivido y experimentado, ya es para ti, para siempre que tengas que volver a enfrentar una situación de bloqueo, de flaqueza, de tensión emocional… saldrá esta experiencia y te ayudará a superarlo. ¡Enhorabuena!

Enhorabuena a todo el público que ha disfrutado y vibrado este fin de semana con la Dements, enhorabuena a toda la organización por la ilusión que habéis puesto, y que se aprecia en cada detalle, y enhorabuena a todos los ‘Joses’ por el esfuerzo y por la lección de superación que nos disteis el sábado, pero también por ese nuevo yo que os habéis llevado de las montañas valencianas.

 

 

 

Dejar un comentario

avatar
1500
  Subscribe  
Notificar de