La confianza o el miedo. Uno de los dos es quién triunfa.

Acabamos de cruzar el puente, a la derecha veo el anclaje por el que pasaremos la cuerda para descender, me asomo, el vacío y la verticalidad que hay bajo nuestros pies, hacen que me tire para atrás, 55 metros verticales de un rappel de infarto, nos separan del inicio de nuestra vía.

Descender tal altura sin tocar pared, totalmente aéreo, con la responsabilidad bajo tus manos, hace que te pienses mucho si vale la pena lo que estás haciendo, y desde luego que lo valió. Pocas vías tienen una aproximación tan espectacular y al mismo tiempo, aunque parezca mentira, tan cómoda.

Estamos a la sombra, en la cara noroeste de l’Aguille de Midi, en la base de los contrafuertes que se elevan hasta el cielo y desembocan en la arista de cosmiques, en el Macizo del Mont Blanc.

Tras 4 largos atravesando la canal nevada, llegamos a pie de vía, vamos a empezar el Vent du Dragón, 220 metros de tramos de nieve, hielo y roca, con secciones verticales y pasos MD (muy difícil según la escala de dificultad de escalada).

La incertidumbre ya me visitó ayer, antes de acostarme y justo ahora, mientras empiezo a asegurar, mantengo una conversación con ella.

¿Qué hago aquí? ¿Qué es lo que me voy a encontrar? ¿Qué no sabré hacer? ¿Por qué lo hago?… las idas y venidas de preguntas que resuenan en mi interior. Un diálogo sordo, que me impide obtener la respuesta, que intento encontrar.

Los primeros dos largos de escalada transcurren entre la nieve del primero y los 40 metros de largo, de un precioso couloir (canal estrecha de hielo y nieve, en este caso) encajado de hielo duro que nos hace ponernos bien rectos.

Llego a la reunión y hago las maniobras para asegurar a mi amigo David, es un extraordinario escalador, y observo la resistencia que se va encontrando durante la escalada de este largo, comienzan a asaltarme las dudas y la incertidumbre, que dejé atrás por el simple hecho de empezar a escalar en los primeros dos largos.

Lo sigo con la mirada, intento memorizar sus movimientos, ver su esfuerzo, descifrar sus dudas, algo que tranquilice este miedo que empieza a subirme por el estómago y a ocupar todo mi cuerpo por la espalda. Por fin llega a la reunión, espero a que recupere y empiezo a escalar.

Algo en lo más profundo de mí me moviliza, comienza a articular las extremidades de mi cuerpo, a relajar el torrente sanguíneo, escucho la respiración, tal amplificador a todo volumen, siento que empiezo a sentirme aislado, focalizado en cada movimiento con mi piolet y mis crampones, cada golpe, hace saltar infinitos pequeños trozos de blanco y duro hielo, escalo suavemente, sin prisas, siendo consciente de cada simple movimiento, el estar actuando me hace sentirme sólido, capaz, todo un bloque, confiado de lo que estoy haciendo, con la firme determinación del simple “estar”.

Justo en el momento que se acaban las dificultades y encaro una breve canal de nieve, me asaltan de nuevo, los pensamientos de temor y miedo, estoy seguro que si me hubiesen tapado los ojos estos 14 minutos de fantástica escalada, hubiese sido capaz de escalar con la misma fluidez.

Depende de nosotros tomar la difícil decisión de escalar con miedo o con confianza, de afrontar nuestros proyectos con temor o repletos de seguridad, porque, como vasos comunicantes que son, sólo uno triunfa;

Tú decides. 

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